Vayamos paso a paso. Lo primero, que condicionó el horario posterior, el Cross de Sant Cugat. Era la primera vez que íbamos a participar corporativamente. Algunos socios son de Viaró y la Farga, pero esta vez habíamos inscrito a Foiró como Club.
No faltaron los padres entusiastas, que posaron para los paparazzi de Foiró. Pero es que hasta los mayores del club, a partir de 3 ESO, se animaron, con sus respectivos preceptores. La carrera estaba servida. Y el éxito de la paella, también: un buen rato de deporte abre el apetito.
La Misa, a las 14:00, después de la recogida de trofeos... y de niños. A la salida, conversaciones y algo parecido a reencuentros entre padres. Un padre que habla con uno, y con otro: son del mismo nivel. Una madre que comenta lo guapetón que está su hijo. O que está esperando otro. O que la vecina, conocida de ambas, está por traer a su hijo a Foiró... Ambiente, vamos.
A todo esto, los maestros paelleros llevan un rato preparando las obras de arte fungibles: el papá Depares, el papá Belmar, el papá Navarro, los papás Muñoz Roldán, el papá Clavell, los residentes Jordi González y Fer García, valenciano él...
y muchos mirones y gente que opina sobre si el color no es el adecuado... o sí lo es; sobre si le falta unos quince minutos; sobre si el pollo está bien troceado... Y demás. La cosa, ya lo dice la sabiduría popular, es que opinar es gratis.
Los hijos, por cierto, que salen a sus padres incluso en esto, van y vuelven relamiendose los dedos y babeando: huele realmente bien. Algunos de ellos, además, ayudan; incluso a poner la mesa del comedor de Viaró, que nos han dejado muy amablemente: ¿quién ha dicho que los niños no ayudan?
Ya está al punto la primera paella, así que los chicos más pequeños y sus hermanas se disponen a comer. Los padres, con todo, siguen comiendo: hay quienes, con disimulo y cierto arte, comen paella al tiempo que la catan; otros, se deciden por lo más directo: comer patatas. Ambos, acompañan lo sólido con lo líquido: un buen vino.
Los niños siguen fotografiándose al lado del trofeo de sus padres: "la mía es la mejor". Hasta que se les indica que ya pueden entrar al comedor. Y ahí, entrada la primera paella... y la segunda... y la tercera... comen hasta quedar saciados. Un éxito, que tal vez no sepan apreciar del todo: el año que viene, macarrones para los niños... El comedor parece una jungla... ordenada.
Más de cien niños comen con apetito bajo la mirada atenta de sus madres y, tal vez, algún padre o incluso algún preceptor. El caso es que, poco a poco, los más pequeños, pero ya del Club, empiezan a darse por aludidos: desde 5 hasta 2 de bachillerato, como si de un zafarrancho se tratara, entran al comedor a disfrutar de la compañía y el arroz.
Sólo al final, con miedo a no llegar a poder comer lo cocinado, entran los padres y madres. Y no: no hizo falta, como sugería una experta madre, cocinar más. Hubo para todos. Y hablamos, y tomamos café. El papá Carreras, animado por la alegría y tal vez por algo más, se levantó y brindo por los paelleros... y sus mujeres... y lo que animaban. Y a eso se añadió el brindis del papá Giner "por los que hemos puesto la sal".
Ovación tras ovación, llegamos a las 16:45, hora en la que, como en peregrinación, nos dirigimos al Auditorio a ver un video resumen de la estancia del Prelado del Opus Dei en Barcelona, el pasado mes de mayo.
Con muchas nuevas ideas y sugerencias, el plan se dio por concluido. Nos vemos pronto.